¿Cómo moldeó la evolución al cuerpo humano? Del pulgar a las lágrimas

El cuerpo humano es un archivo viviente que conserva la historia de millones de años de evolución; muchas de las características que hoy consideramos naturales no son más que huellas de ese largo camino. Tenemos pulgares que nos permiten comer con destreza o navegar por el móvil, una postura erguida que nos distingue de la mayoría de los mamíferos y, sobre todo, una capacidad única: el llanto emocional. Pero no siempre fuimos así. Nuestros ancestros caminaban sobre cuatro patas, trepaban por los árboles y utilizaban sus manos principalmente para aferrarse a las ramas. Entonces, ¿por qué evolucionaron estos rasgos que nos definen como humanos? Vamos a desentrañar estos interrogantes observando de cerca nuestra propia evolución.

De cuatro patas a la postura erguida
Caminar sobre dos piernas es uno de los rasgos más definitorios y significativos de la evolución humana. Ahora bien, ¿qué impulsó a nuestros antepasados a abandonar la marcha cuadrúpeda? La ciencia ha planteado diversas teorías para responder a esta incógnita.
Una de las razones principales apunta a la necesidad de liberar las extremidades superiores para el «transporte» de recursos. Al quedar libres, las manos pudieron dedicarse a recoger, almacenar y llevar comida, o incluso a ofrecerla como estrategia para impresionar a una posible pareja, otorgándoles un rol biológico totalmente nuevo.
Otra hipótesis fundamental es la termorregulación. Cuando nuestros ancestros se desplazaban a cuatro patas, su espalda y columna quedaban expuestas directamente a los rayos abrasadores del sol. Al erguirse, solo los hombros y la cabeza recibían el impacto directo, mientras que la nueva postura favorecía una mejor circulación del aire, permitiéndoles mantenerse más frescos y eficientes.

Existe también una teoría que sugiere que la vida en entornos acuáticos obligó a nuestros ancestros a ponerse de pie. Gran parte de los alimentos más nutritivos y las presas más accesibles se encontraban en zonas de aguas poco profundas, lo que exigía moverse con mayor agilidad. Si pensamos en lo difícil que resulta caminar dentro del agua en comparación con tierra firme —y le sumamos la complicación de hacerlo a cuatro patas—, la ventaja de la bipedestación se vuelve evidente.
Ninguna de estas hipótesis se considera una causa única; mientras algunas cuentan con pruebas sólidas que las respaldan, otras siguen siendo objeto de debate y especulación en el ámbito científico.
El pulgar: el héroe silencioso de la evolución
La marcha erguida dejó nuestros miembros anteriores libres, lo que provocó una revolución en la evolución de nuestras manos. Al principio, la estructura de un pulgar corto y cuatro dedos largos facilitaba el agarre en las ramas. Sin embargo, con el tiempo, la prioridad pasó de trepar a manipular el entorno. Para sujetar, agarrar y trabajar objetos con precisión, se requería un pulgar más largo y dedos más cortos. La selección natural fue moldeando gradualmente nuestras manos para ajustarse a esta necesidad. La capacidad del pulgar para oponerse al resto de los dedos (pulgar oponible) permitió fabricar herramientas y procesar materiales como piedra o hueso. Esta destreza fue decisiva, no solo para la recolección, sino también para la caza, la defensa y la creación de objetos que fortalecieron nuestros lazos sociales.

Mucho más que una emoción: el poder defensivo de las lágrimas
Al nacer, todos compartimos el mismo ritual: tomamos aire y rompemos a llorar. A lo largo de la vida, las lágrimas brotan ante una mala noticia, un conflicto con un ser querido o una película conmovedora. No es solo tristeza; el miedo, la ansiedad e incluso la ira pueden desencadenar el llanto. Pero, ¿cuál es su origen evolutivo?
Existen tres tipos básicos de lágrimas. Las basales, que mantienen el ojo hidratado constantemente; las reflejas, que se liberan para expulsar cuerpos extraños como el polvo; y, finalmente, las lágrimas emocionales. Mientras que los dos primeros tipos son comunes en el reino animal, las lágrimas emocionales son una característica distintiva del ser humano, a pesar de que se ha sugerido algo similar en elefantes y ciertos primates.
Aunque la ciencia no ha llegado a un consenso definitivo, existen teorías muy sólidas al respecto.

Una teoría sugiere que las lágrimas emocionales evolucionaron como una señal de comunicación. Dado que solo quienes están cerca y pueden mirarnos a los ojos las ven, funcionan como una petición de ayuda específica dirigida a quienes tienen más probabilidades de socorrernos. Randy Cornelius, psicólogo del Vassar College, lo resume así: «Podría haber existido una presión selectiva para desarrollar un sistema de señales que no nos hiciera parecer vulnerables ante los depredadores, pero que enviara un mensaje claro a nuestro círculo cercano».
Otra teoría se centra en esa sensación de alivio que experimentamos tras desahogarnos. Tras un llanto profundo, sentimos una calma reparadora. Las investigaciones indican que, al llorar, el cuerpo libera hormonas como endorfinas y oxitocina, que generan bienestar, mientras que los niveles de cortisol, la hormona del estrés, disminuyen.
Esto sugiere que llorar actúa como un mecanismo natural de autorregulación, una herramienta biológica que nos ayudó a gestionar el estrés y, por tanto, nos otorgó una ventaja evolutiva.
El proceso evolutivo del vello y el cabello
¿Alguna vez se ha preguntado por qué perdimos la mayor parte del vello corporal pero conservamos el cabello? Nuestros ancestros estaban cubiertos de pelo para mantener la temperatura corporal. Sin embargo, en climas cálidos, este pelaje se convirtió en un obstáculo: impedía la refrigeración por sudor, albergaba parásitos y, además, resultaba menos atractivo en términos de selección sexual. Por ello, el vello corporal se fue reduciendo progresivamente.

El cabello, en cambio, tuvo otro destino: permaneció para proteger nuestra cabeza de los rayos solares. Funciona como un sombrero natural que protege el cuero cabelludo de quemaduras y del sobrecalentamiento. Además, en climas fríos, ayuda a evitar la pérdida de calor. En definitiva, el cabello superó la «prueba» evolutiva gracias a los beneficios que aportaba.
La evolución ha dotado a nuestro cuerpo de características únicas. Desde nuestros pulgares y nuestra postura erguida hasta el llanto, cada rasgo es un regalo de ese largo viaje. En última instancia, la evolución no solo ha dado forma a nuestro cuerpo, sino también a nuestra esencia. En cada paso que damos, cada objeto que sostenemos y cada lágrima que vertemos, llevamos el rastro de nuestra historia.
Referencias y lecturas recomendadas
Gračanin, A., Bylsma, L. M., & Vingerhoets, A. J. J. M. (2018). Why only humans shed emotional tears: Evolutionary and cultural perspectives. Human Nature, 29(2), 104–133. https://www.researchgate.net/publication/323883089_Why_Only_Humans_Shed_Emotional_Tears_Evolutionary_and_Cultural_Perspectives
Jablonski, N. (2020, January 27). The hairy timeline of evolution. Stellenbosch Institute for Advanced Study. https://stias.ac.za/2020/01/the-hairy-timeline-of-evolution/
Marzoli, D., Palumbo, R., Di Domenico, A., Penolazzi, B., Garganese, P., & Tommasi, L. (2010). The relation between left–right asymmetry and valence: A meta-analysis. Brain and Cognition, 72(3), 351–359. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2819487/#Sec5
NPR. (2010, August 23). Teary-eyed evolution: Crying serves a purpose. National Public Radio. https://www.npr.org/2010/08/23/129329054/teary-eyed-evolution-crying-serves-a-purpose
Vingerhoets, A. J. J. M., & Bylsma, L. M. (2014). Is crying a self-soothing behavior? Frontiers in Psychology, 5, 502. https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2014.00502/full
Wong, K. (2020, March 2). How dexterous thumbs may have helped shape evolution two million years ago. Smithsonian Magazine. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/how-dexterous-thumbs-may-have-helped-shape-evolution-two-million-years-ago-180976870/
Publicado originalmente en turco en Doğa Filozofu. Esta versión al español se generó con traducción asistida por IA y puede contener errores o matices perdidos; agradecemos cualquier corrección.
