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Una guía de lectura: Nexus

La historia no se reduce únicamente a crónicas de reyes, imperios o batallas. Es, ante todo, el relato de las sociedades y de los individuos que las componen. Estas historias nacen, inevitablemente, de la comunicación, pues el ser humano construye su conocimiento, sus anhelos y su propia existencia a través del intercambio con los demás. Por ello, comprender cómo la humanidad se comunica, cómo transmite la información y cómo la organiza es un pilar fundamental de nuestra historia. Y hay alguien que se ha propuesto contarnos este relato: Yuval Noah Harari.

Harari ya ha sido protagonista en nuestros artículos; incluso nos ayudó a elaborar una “Guía de lectura” personalizada. Su obra más reciente, *Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA*, es el eje de este análisis porque, a diferencia de sus libros anteriores, aquí Harari pone bajo la lupa cómo la comunicación ha moldeado el curso de la historia. Siguiendo su estilo característico, utiliza una amplia perspectiva histórica para explicar cómo hemos llegado hasta donde estamos. Según su tesis, son precisamente estas redes de información las que cohesionan a las comunidades humanas, las que dictan el ascenso y caída de los imperios y las que permiten la propagación de religiones e ideologías.

Una guía de lectura: Nexus
Esta imagen ha sido generada mediante inteligencia artificial.

Con este libro, Harari no solo nos ofrece un panorama del pasado, sino que nos dota de herramientas para entender las crisis actuales. El colapso ecológico, la amenaza nuclear, las pandemias globales y los riesgos existenciales de la inteligencia artificial son los cuatro grandes peligros que señala. Cada una de estas amenazas está directamente vinculada a la naturaleza de nuestras redes de información: necesitamos datos fiables para resolver la crisis climática; la amenaza nuclear depende de cómo los Estados acceden a la tecnología; y la lucha contra las pandemias exige una cooperación informativa a escala mundial. La inteligencia artificial, en última instancia, no es más que una forma nueva y peligrosa de nuestra relación con el saber. En esencia, Harari sostiene que todas estas crisis, tanto pasadas como presentes, se asientan sobre nuestras redes de información.

Si lo pensamos bien, no le falta razón. Desde el éxito de Atatürk en la Guerra de Independencia turca hasta la revolución de Gandhi, pasando por los acontecimientos clave en la época de Cleopatra, todo descansa sobre estas redes. Acompañemos a Harari en su recorrido y volvamos, una vez más, a la Edad de Piedra.

La transformación histórica del conocimiento

Al abordar este libro, es imposible ignorar sus trabajos previos. Si en *Sapiens* analizó el auge de nuestra especie, en *Homo Deus* se centró en nuestro futuro y en *21 lecciones para el siglo XXI* diseccionó los problemas contemporáneos, *Nexus* actúa como una continuación natural, con la particularidad de que aquí se enfoca en un tema mucho más específico: la información.

Para Harari, la gran diferencia entre el ser humano y el resto de los animales desde la Edad de Piedra ha sido nuestra capacidad para crear redes de información complejas. Desde las historias compartidas en las pequeñas bandas de cazadores-recolectores hasta la capacidad de almacenar datos tras la invención de la escritura, la información ha sido nuestra gran ventaja competitiva. El autor subraya el papel central de los mitos y los relatos: lo que mantiene unida a una comunidad no son solo los lazos biológicos, sino las historias compartidas. A Harari no le interesa si la información es “verdadera” o “falsa” en un sentido absoluto; lo que le importa es cómo sirve para organizar a las personas. Las leyes del Imperio Romano, los sistemas de creencias de la Iglesia Católica o las redes ideológicas de la Unión Soviética fueron sistemas que funcionaron gracias a la información. Estas redes lograban agrupar a las personas bajo un objetivo común y dirigir sus comportamientos.

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Esta imagen ha sido generada mediante inteligencia artificial.

Todo es parte de lo mismo: desde textos sagrados y constituciones hasta pinturas rupestres. Y, por supuesto, esto no se limita a lo escrito o visual; gran parte nace de la comunicación oral. Imaginemos la prehistoria: vas caminando y ves un arbusto cargado de bayas de colores llamativos. Te dispones a comerlas, pero un miembro de tu tribu te hace señas advirtiéndote de que son venenosas. Esa información es suficiente para que desistas. Llevemos esto un paso más allá: supongamos que tu tribu prohíbe dañar a las ovejas basándose en un mandato ancestral, sin ofrecer una razón lógica. Incluso una tradición carente de lógica racional termina condicionando nuestra conducta debido al inmenso poder de la comunicación sobre nosotros.

Pero no podemos limitarnos a las tradiciones orales. Avancemos un poco en el tiempo. ¿Qué tal si visitamos Roma?

Roma fue uno de los imperios más vastos de la historia. ¿A qué se debió su éxito? ¿Solo a su ejército? Sin duda fue clave, pero no fue lo único. Roma contaba con un sistema de registro colosal: impuestos, censos, medición de calzadas… todo se documentaba y centralizaba. Gracias a esta red burocrática, fue posible administrar a millones de personas bajo un mismo mando.

¿Y si viajamos hacia nuestra era contemporánea?

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Información y manipulación en la era moderna

Hoy en día, el ejemplo más potente de estas redes es, sin duda, internet y las redes sociales. Harari señala un punto crítico: la información ya no se moldea en la mente humana, sino que es dirigida por algoritmos. Las plataformas deciden qué vemos y qué no, lo cual complica enormemente el ejercicio del libre albedrío.

Este es uno de los peligros que más le preocupa. Los algoritmos de inteligencia artificial tienen el poder de manipularnos sin que nos demos cuenta, influyendo en nuestros hábitos de consumo, nuestras decisiones políticas y nuestro comportamiento. Es un poder sin precedentes. Ni el derecho romano ni los dogmas de la Iglesia pudieron alcanzar esa precisión microscópica al intentar dirigir los procesos mentales de cada individuo.

Las cuatro amenazas globales que destaca —colapso ecológico, guerra nuclear, pandemias e inteligencia artificial— están conectadas con estas redes. La crisis ambiental se agrava por la desinformación; las armas nucleares demuestran cómo el conocimiento tecnológico puede derivar en catástrofe; la pandemia nos mostró la importancia vital de compartir datos; y la IA inaugura una era donde la información es generada por sistemas autónomos, no solo por humanos.

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Esta imagen ha sido generada mediante inteligencia artificial.

¿Cómo superaremos estos retos? La respuesta de Harari es clara: la única salida es construir redes de información más saludables. No se trata solo de producir datos correctos, sino de asegurar que circulen de manera justa, transparente y fiable.

Redes de información saludables

Para que estas redes funcionen, primero debemos reconocer su lado oscuro. A lo largo de la historia, la información ha sido una herramienta de poder para unos pocos: dogmas eclesiásticos, edictos imperiales, censura soviética… todos compartían el hecho de ser circuitos cerrados. En cambio, en el mundo actual, cuanto más transparente y accesible sea la información, más resiliente será la sociedad. Harari insiste en la IA: “Los bots no deben hacerse pasar por humanos”. Saber con quién hablamos y cuál es la fuente de lo que consumimos es esencial para la libertad de pensamiento. Las empresas no pueden escudarse en el “solo fabricamos tecnología”; los algoritmos deben rendir cuentas tanto como las personas.

También somos responsables nosotros. Una red saludable se nutre del pensamiento crítico individual. Cuestionar una noticia antes de compartirla o verificar una fuente nos convierte en filtros de información. Harari sugiere que, en lugar de acelerar el desarrollo de la IA como si fuera una carrera, deberíamos bajar el ritmo y tomar aire. Esa pausa permite que tanto los individuos como las instituciones se adapten. De lo contrario, el ritmo de la tecnología podría arrollar al intelecto humano.

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Quizás lo más interesante sea la idea de Harari de considerar la información como un “espacio público”. Del mismo modo que un parque debe ser para todos, el conocimiento no puede quedar restringido a una élite. Si el saber se monopoliza, regresaremos a los monasterios de la Edad Media. Las redes deben ser inclusivas, abiertas y colaborativas. ¿No es acaso sobre esta base donde se construye la democracia? Sobre ciudadanos que deciden basándose en información clara, no manipulada y abierta al debate.

El mensaje final es sencillo: construir redes saludables no es solo un reto técnico, sino uno cultural, ético y político. Si logramos hacerlo, la información nos liberará; si fallamos, nos ahogaremos en nuestras propias redes.

¿Qué nos depara el futuro?

Una de las preguntas que más inquieta a Harari es si la democracia puede sobrevivir a la era de la IA. El poder de los algoritmos ha alcanzado un punto que la ciencia política clásica no previó. Las pequeñas manipulaciones que vemos hoy en redes sociales son solo la punta del iceberg. Si un algoritmo puede determinar qué noticias vemos, qué comentarios consideramos relevantes o incluso qué nos hace enfurecer, ¿hasta qué punto podemos hablar de libre albedrío y elecciones democráticas? El peligro es que los sistemas de IA, actuando como actores invisibles, dirijan nuestras decisiones más fundamentales. En ese escenario, la democracia podría convertirse en un cascarón vacío.

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Esta imagen ha sido generada mediante inteligencia artificial.

Por eso, sus propuestas son tan relevantes. Sugiere que la IA no debería avanzar a una velocidad descontrolada, como si fuera una “nueva revolución industrial” sin supervisión. Hay que aprender del pasado: en la Revolución Industrial, la tecnología de producción avanzó rápido, pero los derechos laborales y los controles democráticos no siguieron el ritmo, lo que derivó en siglos de desigualdad y explotación. Harari aboga por frenar el progreso tecnológico deliberadamente y someterlo a regulaciones estrictas.

También subraya la “ilusión de identidad”. Cuando no sabemos si estamos interactuando con un humano o un bot, la base misma de la comunicación se desmorona. Harari propone prohibir tajantemente que los bots se hagan pasar por personas. Mantener la línea entre máquina y humano es un seguro para la libertad: una sociedad que no sabe con quién habla es una sociedad vulnerable a la manipulación.

La llamada de Harari es clara: debemos redibujar los límites de las redes de información para que sirvan a la humanidad. Sin transparencia, control y ética, la IA no será solo una herramienta, sino una sombra que amenaza nuestra libertad.

Una guía de lectura: Nexus

En resumen, hoy nuestras redes de información son más poderosas que nunca. Internet y la IA traen consigo tanto oportunidades inmensas como grandes peligros. Si logramos establecer redes correctas, podremos resolver la crisis climática y revitalizar la democracia. Pero si dejamos que la información se use para la manipulación y el autoritarismo, nos arriesgamos a una catástrofe irreversible.

Una lección fundamental es que la historia no es determinista. Nuestro futuro depende de nuestras elecciones actuales. Si dejamos que la IA se desarrolle sin límites, superaremos nuestra capacidad de adaptación. Si seguimos difundiendo desinformación, la democracia se pudrirá. Si ignoramos la crisis ecológica, el planeta sufrirá las consecuencias. Pero hay esperanza: depende de nosotros hacer estas redes más justas y transparentes. No debemos leer a Harari con pesimismo, sino como una llamada a la conciencia: el futuro se construirá con información, y nosotros decidiremos qué clase de información será.

Una guía de lectura: Nexus
Esta imagen ha sido generada mediante inteligencia artificial.

En conclusión, *Nexus* es tanto una llave para comprender nuestro pasado como una guía para dirigir nuestro futuro. Si tomamos la información en serio y entendemos cómo funcionan estas redes, quizás podamos vivir el próximo siglo de una forma más consciente y humana. De lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos en esclavos de nuestras propias redes. La advertencia de Harari es diáfana: nosotros determinaremos el futuro, pero esa elección se hará a través de la información.

Bibliografía y lectura recomendada

Britannica, T. Editors of Encyclopaedia. (n.d.). Yuval Noah Harari. Britannica. https://www.britannica.com/contributor/Yuval-Noah-Harari/12354625

Chatham House. (2015, Octubre-Noviembre). Interview – Yuval Harari. The World Today, 30–32.

Harari, Y. (2019). 21 lecciones para el siglo XXI.

Harari, Y. N. (2015). Sapiens: De animales a dioses. Harper.

Harari, Y. N. (2016). Homo Deus. Harvill Secker.

Harari, Y. N. (2024). Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Random House.

Harari, Y. N. (n.d.). About Yuval Noah Harari. Yuval Noah Harari. https://www.ynharari.com/about/

Kirkus. (2018, 27 de junio). 21 lecciones para el siglo XXI.

Publicado originalmente en turco en Doğa Filozofu. Esta versión al español se generó con traducción asistida por IA y puede contener errores o matices perdidos; agradecemos cualquier corrección.

Tufan Özdemir

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