El lado tóxico de la productividad: la sociedad de la aceleración

Ser productivos y trabajadores parece ser la regla de oro para alcanzar el éxito, sin importar a qué nos dediquemos. Pero todo exceso es dañino; ¿alguna vez se ha detenido a pensar si nos hemos obsesionado con la productividad? Vivimos como si estuviéramos obligados a llenar cada segundo con una tarea. Intentamos “aprovechar” el tiempo en el transporte público, comprimir una “actividad productiva” en la breve pausa del almuerzo o incluso empezar el día a las cuatro de la mañana. Ya ni siquiera 24 horas parecen suficientes.
Frenar, estar ocioso o simplemente detenerse nos hace sentir casi como si cometiéramos un delito. Al final, terminamos a solas con esa voz interior que nunca está satisfecha con lo que hacemos y que nos hace sentir constantemente insuficientes. Hartmut Rosa define con gran precisión esta era en la que la productividad se ha vuelto tóxica: vivimos en una “sociedad de la aceleración”.

Según Rosa, esta aceleración se manifiesta en tres dimensiones: aceleración tecnológica, ritmo de cambio social y aceleración del ritmo de vida.
En primer lugar, la aceleración tecnológica tiene que ver con cómo la tecnología, en constante evolución, nos permite realizar en minutos tareas que antes requerían horas o días. Aparentemente, esto nos “ahorra tiempo”. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: cada minuto que ganamos trae consigo la presión de hacer más cosas en menos tiempo. En lugar de ganar velocidad, sentimos la obligación de mantener el paso de este ritmo frenético.
La segunda dimensión es el ritmo de cambio social. Las profesiones de moda, las tendencias, los valores y la actualidad cambian tan rápido que, antes de que podamos procesar uno, el siguiente ya nos ha pasado por encima. Esta transformación constante nos empuja a un consumo excesivo en todos los sentidos: un nuevo pasatiempo se vuelve popular, pero antes de que hayamos superado la etapa inicial, su popularidad se desvanece y es reemplazado inmediatamente por otro. Así, sin esforzarnos realmente, sin sentir pertenencia, nos relacionamos con todo de manera superficial y no logramos conectar con nada. El resultado, como subraya Rosa, es una creciente sensación de alienación. No sentimos que pertenezcamos a ningún lugar ni a nada.
Y estas dos dimensiones engendran, inevitablemente, la tercera: la aceleración del ritmo de vida. Cargamos con una presión invisible pero aterradora: ¡Date prisa! Porque el día solo tiene 24 horas. Tienes unas pocas horas para aprender un nuevo pasatiempo, si no, llegarás tarde. Esta presión se arraiga tanto en nosotros que, si no logramos hacer algo al instante, pensamos “esto no es para mí” y abandonamos la actividad inmediatamente. Empezamos cosas nuevas sin parar, pero nunca profundizamos en ninguna.
Es posible explicar esta situación no solo desde la sociología, sino también desde la psicología: el “subidón de dopamina” (dopamine rush).
Este mecanismo funciona exactamente igual que el placer interminable que sentimos al deslizar vídeos en Instagram. Producir algo o completar una tarea genera una liberación de dopamina en nuestro cerebro; este es un proceso saludable que, naturalmente, nos motiva.
No obstante, la vida moderna altera este proceso. El cerebro entra en una especie de negociación: Cuanto más rápido completes una tarea, más rápido recibirás tu dopamina; así tendrás más tiempo para hacer otras cosas.
Como resultado, nos acostumbramos a gratificar al cerebro por la vía rápida, lo que provoca una descarga constante de dopamina. Con el tiempo, esto se convierte en una adicción. Nos sentimos inquietos cuando estamos ociosos y nos estresamos si no podemos terminar una tarea en pocas horas, porque el cerebro exige su recompensa —su dosis de dopamina— cuanto antes.

No es difícil imaginar cuánto daño causa esto a nuestra capacidad de concentración. Antes leíamos libros enteros de una sentada; hoy, leer diez páginas seguidas parece un “logro”. Nuestra atención se fragmenta y nuestra mente busca constantemente un nuevo estímulo. Incluso muchos lectores, aunque empiecen un texto con entusiasmo, no llegan al final. La paciencia se ha convertido en una de las habilidades más erosionadas en esta era de la velocidad.
Como señala Hartmut Rosa en su obra “Resonancia”, para que el ser humano establezca un vínculo significativo con el mundo, necesita resonancia —es decir, un eco mutuo—. Sin embargo, en la sociedad de la velocidad, este eco desaparece. Porque la resonancia requiere tiempo. La maduración de las emociones, la formación de una idea o la creación de un vínculo profundo en una relación necesitan tiempo. Al acelerar, dejamos el sentido en la superficie. En una era donde todo se consume con rapidez, desde las relaciones hasta las experiencias, todo se vuelve efímero.
Entonces, ¿cómo salir de esta situación? Primero, debemos frenar. Quizás, incluso, deberíamos aburrirnos un poco. Debemos cambiar nuestra definición de productividad: la productividad no consiste solo en hacer más cosas, sino en encontrar sentido a lo que hacemos. Tal vez el camino para ser realmente productivos pase por no producir nada durante un tiempo. A medida que recuperamos el tiempo para nosotros mismos, para nuestra mente e incluso para nuestros sentimientos, y al darnos cuenta de que no hacer nada no es un delito sino una necesidad, tal vez recordemos la esencia de lo que significa ser humano. Poder beber una taza de café sin prisas, detenerse largamente en una frase de un libro, conversar con un amigo sin mirar el reloj… quizá la mayor productividad esté oculta en esos momentos sencillos y silenciosos que vivimos sin expectativa alguna de rendimiento.
Bibliografía y lecturas recomendadas
Montero, D. y Torres, F. (2020). Acceleration, alienation, and resonance: Reconstructing Hartmut Rosa’s theory of modernity. Pléyade (Santiago), (25), 155-181. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-36962020000100155
Rosa, H. (2017). Dynamic stabilization, the triple A. approach to the good life, and the resonance conception. Questions de communication, (31), 437-456. https://www.watiknietbegrijp.nl/media/1416/hartmut-rosa-2017-1.pdf
Publicado originalmente en turco en Doğa Filozofu. Esta versión al español se generó con traducción asistida por IA y puede contener errores o matices perdidos; agradecemos cualquier corrección.

