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Una prueba de memoria: los experimentos de Loftus

¿Hasta qué punto confía en su memoria? ¿Cree que los eventos que ha vivido, las escenas que ha presenciado y las emociones que ha sentido a lo largo de su vida permanecen intactas en su mente, tal como ocurrieron? Si es así, quizá los experimentos de Elizabeth Loftus le hagan dudar. Sus investigaciones demuestran que nuestra memoria no es tan fiable como creemos y que puede alterarse fácilmente con información que recibimos a posteriori. Acompáñenos a explorar estos sorprendentes experimentos y a descubrir lo engañosa que puede llegar a ser nuestra propia mente.

Los experimentos de memoria de Loftus

Loftus llevó a cabo una serie de experimentos para demostrar cuán falible puede ser la memoria humana. Estos estudios se basaron exclusivamente en las preguntas formuladas a los participantes, revelando la brecha entre lo que las personas recordaban y los hechos reales. ¡Veamos qué opina usted al terminar de leer!

Elizabeth Loftus es una psicóloga reconocida por sus trabajos sobre la memoria y, en particular, sobre el efecto de la información engañosa. Sus estudios han tenido un impacto profundo en el derecho, la investigación sobre traumas y la psicología, al demostrar que la memoria es maleable y propensa al error. En este artículo, analizaremos tres de sus experimentos; estamos seguros de que habrá más de un momento en el que nos sorprenderemos juntos.

Una prueba de memoria: los experimentos de Loftus

El experimento del accidente de tráfico

En nuestro primer caso, Loftus contó con un grupo de 45 participantes a quienes mostró un vídeo de un accidente de tráfico. Tras la proyección, les hizo varias preguntas sobre lo ocurrido, pero variando intencionadamente el lenguaje utilizado:

  • “¿A qué velocidad iban los coches cuando se chocaron?”
  • “¿A qué velocidad iban los coches cuando colisionaron?”
  • “¿A qué velocidad iban los coches cuando se golpearon?”
  • “¿A qué velocidad iban los coches cuando se estrellaron?”
  • “¿A qué velocidad iban los coches cuando tuvieron contacto?”

Como puede observar, lo único que cambiaba eran los verbos que describían la intensidad del impacto. En teoría, al haber visto el vídeo, las respuestas deberían haber sido idénticas, ¿no es así? Sin embargo, no fue el caso: las estimaciones variaron según el verbo utilizado. Por ejemplo, cuando se empleaba la palabra “golpearon”, los participantes estimaban velocidades de 30-35 km/h, mientras que con “estrellaron”, la cifra subía a 45-50 km/h. Pero aquí viene lo más sorprendente: una semana después, se les preguntó si recordaban haber visto cristales rotos. En el vídeo original no había cristales rotos, pero los participantes a los que se les indujo a pensar en un choque más violento (como los que escucharon “estrellaron”) respondieron afirmativamente: “Sí, lo recuerdo”.

Una prueba de memoria: los experimentos de Loftus

Este experimento dejó claro que incluso tras ser testigos presenciales de un evento, nuestra mente es fácilmente manipulable. Loftus, por supuesto, continuó explorando esta tesis con nuevos estudios.

El experimento del centro comercial perdido

El nombre suena extraño, ¿verdad? Pero pronto entenderá a qué se refiere. En este estudio, Loftus trabajó con un grupo más amplio de participantes.

A los sujetos se les relataron cuatro anécdotas de su infancia: tres eran reales y una era completamente inventada. Se les preguntó: “¿Recuerdas aquel momento en que te perdiste en un centro comercial cuando eras niño, un hombre mayor te encontró y finalmente tu familia te recogió?”. Luego, se les pidió que detallaran el recuerdo. Curiosamente, el 25% de los participantes recordó la anécdota como si fuera real, añadiendo detalles inexistentes: describieron a las personas con las que se cruzaron o cómo fueron encontrados. Puede parecer poco, pero una de cada cuatro personas es una proporción significativa.

Una prueba de memoria: los experimentos de Loftus

Los resultados sugirieron que el cerebro humano es capaz de integrar información externa en sus propios recuerdos para crear nuevas “realidades”. Nuestra memoria no es fiable; al contrario, es flexible y mutable.

El experimento de Disneyland

Elizabeth Loftus realizó una variante del experimento anterior usando Disneyland. A los participantes se les mostró un anuncio falso del parque donde aparecía un niño saludando a Bugs Bunny. Posteriormente, se les preguntó sobre sus visitas a Disneyland: “¿Conociste a Mickey Mouse?” y, más importante aún, “¿Te encontraste con Bugs Bunny?”. Aquí surgió lo insólito: el 36% de los participantes recordó haber conocido a Bugs Bunny en Disneyland de niños. Un 25% incluso afirmó que el personaje les había abrazado o dado la mano. El problema es que Bugs Bunny es un personaje de Warner Bros. y, por tanto, nunca ha estado en Disneyland. Este experimento demostró que es posible “recordar” eventos imposibles como si fueran reales. Nuestro cerebro no siempre distingue la información recibida después del hecho, sino que la entrelaza con nuestros recuerdos para formar memorias totalmente inventadas pero sentidas como auténticas. Esto prueba que la memoria no funciona como una grabación de vídeo, sino como una estructura flexible que se transforma con el tiempo.

Una prueba de memoria: los experimentos de Loftus

Podría argumentar que quizás se encontraron con el personaje en otro lugar y simplemente confundieron el escenario. Es una posibilidad, pero ¿qué sucede con el siguiente experimento?

El experimento del agresor

En este caso, se mostró a los participantes un vídeo de un robo en una tienda y se les pidió que identificaran al agresor. Loftus introdujo información falsa: aunque el agresor vestía una chaqueta roja, a algunos participantes se les dijo que era azul. Como era de esperar, los resultados se vieron afectados: el 60% de los sujetos a los que se les dio información errónea recordaron ese detalle inexistente como real. Además, la tasa de errores al identificar al agresor aumentó considerablemente. Esto reveló que los testimonios de testigos no siempre son fiables y que las preguntas inductivas de la policía pueden generar recuerdos falsos. En otras palabras, la forma en que un evento se asienta en nuestra memoria depende más de cómo nos lo cuentan que de cómo sucedió en realidad.

Como ve, nuestra memoria no es una grabadora infalible. Funciona más bien como un relato que se edita y reescribe constantemente. La información que recibimos, la forma en que se formulan las preguntas e incluso las expectativas sociales influyen en nuestros recuerdos. Esta es una lección poderosa para muchos aspectos de nuestra vida, ¿no cree? Así que, la próxima vez que esté convencido de recordar un suceso pasado con total precisión, hágase esta pregunta: “¿Realmente ocurrió así, o mi mente me está jugando una mala pasada?”.

Referencias y lecturas recomendadas

Loftus, E. F. (1999). Lost in the mall: Misrepresentations and misunderstandings. Ethics & Behavior, 9(1), 51-60. https://doi.org/10.1207/s15327019eb0901_4

Loftus, E. F. (2013, 27 de marzo). Elizabeth Loftus: Memory matters [Vídeo]. YouTube. http://www.youtube.com/watch?v=j-K0SjZqoMQ

McLeod, S. A. (s.f.). Loftus and Palmer (1974) – Car crash experiment. Simply Psychology. https://www.simplypsychology.org/loftus-palmer.html

Publicado originalmente en turco en Doğa Filozofu. Esta versión al español se generó con traducción asistida por IA y puede contener errores o matices perdidos; agradecemos cualquier corrección.

Tufan Özdemir

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